Políticos de mierda (reivindicación de la dignidad para la política)


SOY un político de mierda. Y merezco todas las críticas que reciben los políticos. Nos mean encima y dicen que llueve. No nos representan. Es verdad. Los políticos se han convertido en una casta privilegiada e inmune a la realidad. Viven de espaldas a ella dentro de sus coches oficiales, llamando desde sus teléfonos corporativos, despertando en hoteles a costa de los ciudadanos que no tienen para pagar sus hipotecas, cobrando pensiones vitalicias por trabajar la quinta parte de lo que tú trabajas…

También yo soy un político de mierda por aceptar ser un candidato al Congreso. En verdad, un precandidato. Un preciudadano. Es la primera vez es la historia de la democracia que se necesitan avales para ser titular de un derecho fundamental. Como si tuviéramos que reunir firmas para tener derecho a la vida. Ya no somos iguales ante la ley. La ciudadana Rosa Aguilar, independiente, no necesita avales para ser elegible. Yo, tan ciudadano e independiente como ella, sí. Todos los partidos que tienen representación parlamentaria pueden presentarse sin obstáculos en cualquier parte del Estado. IU, que carece de representación parlamentaria por Córdoba, no tiene que recoger firmas. UPyD, que apenas superó los dos mil votos, tampoco. Y se llegaría al esperpento si Nafarroa-Bai, con apenas 60 mil votos, quisiera presentarse por Córdoba: no necesitaría avales. ¿Es esto democracia? ¿Qué piensan de este atentando los intelectuales andaluces? ¿Los hay? ¿Y los medios? ¿Y la gente? Ni lo sabe. Ni le importa. El Defensor del Pueblo Andaluz, a petición nuestra, exigió una campaña informativa en los medios públicos (yo añadiría los privados), para que no se confunda avalar con votar, de la misma manera que Artur Mas confundió el culo con las témporas. La ignorancia de los primeros se cura. La del segundo, se contagia.

Aun así, admito ser un político de mierda. Y merezco el juicio peyorativo y denigrante por mi decisión. Pero soy el mismo que ha defendido activamente que la democracia se enriquece cuánto más plural sea su representatividad y cuánto más participación directa reconozca a la ciudadanía. Ahora pasa hambre. De pan y democracia. Con la boca llena, nadie habla. Con la boca vacía, se grita. Y temo que pidan pan y olviden la democracia. Por eso me he convertido en un político de mierda. Para que pan y democracia vayan cosidos inseparablemente como hermanos siameses. Y pago mi teléfono. Y la gasolina. Y las fotocopias. Y soporto el enorme coste de no ver a mis hijos. Las sonrisas se convierten en ansiedad. La casa enmudece. Como la de cientos de mujeres y hombres que se dejan el pellejo por los demás en sus pueblos. También son políticos de mierda. Aprovechados. Que ayudan a terceros antes que a su familia más necesitada para evitar los ataques de sus vecinos.

Soy demócrata. Y me dirijo a ti como demócrata. Los dos sabemos el peligro que corre una democracia cuando no trata a sus ciudadanos como personas libres e inteligentes. Yo te pido que no confundas los políticos de mierda con la mierda de políticos que lo confunden todo. No todos somos iguales.

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