Laica no es un perro

Las fronteras son tajos de navaja cuando separan lo inseparable. Abren heridas. Y aunque parezcan curadas, la memoria del daño permanece en la cicatriz y en la molestia que vaticina las tormentas. Hay fronteras estúpidas para ilegalizar a seres humanos. Unas hechas con muros. Otras con alambre. Todas adornadas con cristales rotos o cuchillas para eternizar en la carne la cicatriz que caduca en los pasaportes. Pero hay fronteras necesarias. Sin cuchillas. Ni heridas. Ni más muros que los prejuicios de quienes se niegan a derribarlos. Me refiero a la…

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