Tu hambre mía

Paco Casero también se abotona la camisa hasta el cuello. Un gesto humilde de esa dignidad enraizada en lo más hondo de la memoria andaluza. Como la huelga de hambre. Él me dedicó su foto cuando guardó su primera huelga de hambre hace más de treinta años en Villamartín. En blanco y negro. Los pómulos le sobresalían un palmo de la cara. Y su rostro parecía un reflejo del crucifijo que cubría su espalda. En aquel tiempo el hambre de otro era la tuya. Porque compartíamos la dignidad del que…

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