La rosa marchita

SOLO el necio se atreve a negar la verdad evidente. Y quizá la más burda sea el irreparable paso del tiempo. Porque sus zarpas cicatrizan el alma aunque nos sumerjamos en piscinas de colágeno o nos inyectemos toneladas de botox en la piel. Oscar Wilde pretendió en vida y en vano desacatar la dictadura del tiempo. Y lo hizo proponiendo la única fórmula posible para esquivar sus arañazos: disfrutar plenamente de la belleza. Ése es la única moraleja potable del escalofriante Retrato de Dorian Gray. El joven mantiene su apariencia…

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