Yo avalo

ALICIA en el País de las Maravillas me desconcierta. Como un enfermo mental severo durante un trance efímero de lucidez. No parece un libro para adultos. Pero tampoco un simple cuento infantil por la extraordinaria cadena de metáforas sobre la vida que acompaña cada una de sus escenas. Los niños simplemente imaginan. Los adultos, desconfían de la imaginación. Sirva de ejemplo, la merienda de locos. Alicia se acerca a una enorme mesa. En un extremo, la Liebre y el Sombrerero toman el té, apoyados sobre el Lirón dormido a modo…

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