10.000 latidos para el corazón de Andalucía

No quiero que piensen: quiero que sientan. En un lugar de Nueva Zelanda, desconozco exactamente cuál, las luciérnagas parpadean caóticamente durante unos minutos al atardecer. Pero a medida que el paisaje se emboza de sombras, sus luces se acompasan hasta terminar iluminándolo todo intermitentemente. A la vez. Como los rótulos de un teatro de variedades. No hay un líder que las coordine. Ni un referente. Hasta hace bien poco se desconocían por completo las razones que empujaban a seres desprovistos de cerebro a esta tendencia natural a la uniformidad organizativa…

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