lole-y-manuel-portada Pienso 

Que hable la flor y que se calle el cardo

lole-y-manuel-portadaHa muerto Manuel Molina. El sol joven y fuerte que venció a la luna. 

No pertenezco a la generación que conquistó la libertad, sino a la que dilapidó la libertad conquistada. Quizá por eso vestíamos de luto instintivo por la modernidad que acabábamos de enterrar. Cada uno pertenecía a una tribu estética para evidenciar que éramos tan libres como inconscientes y manipulables. Siniestros, punkies, technos, rockabillys, heavys… Todos tan moral y políticamente vacíos como las canciones que bailábamos en la conquista de la noche. Nuestra única conquista. De todo eso me di cuenta demasiado tiempo después. Nunca demasiado tarde.

Pero mi generación también estaba rabiosamente viva. Hecha de vértigo. Despreciábamos cualquier obra creativa con más de seis meses de antigüedad. Por eso ni siquiera me digné a escuchar lo que cantaron durante los sublimes 70 aquellos artífices de la libertad que yo estaba gastando. Mucho menos si no lo hacían en inglés. Y mucho menos si eran andaluces y cantaban en Flamenco. Qué estupidez. El Flamenco que se canta en andaluz y de memoria. De todo eso me di cuenta demasiado tiempo después. Nunca demasiado tarde. Muchos de mi generación enganchamos las alas a nuestras raíces gracias al Omega de Morente y Lagartija Nick. Después sobrevino la revolución planetaria de J y los suyos, con la Leyenda del Espacio hasta la Nueva Reconquista de Graná, ya cantada en andaluz. Y así, comenzamos nuestro flashback, adentrándonos en la Niña de los Peines y Mairena.

Hace unos años cayó en mis manos un disco con una Lole hermosamente gitana mirando al suelo en la portada, y un afeitado Manuel que no me quita la vista de encima en la contra. El corte 6 se llama “Todo es de color” y dice así:

De lo que pasa en el mundo por Dios que no entiendo ná, el cardo siempre gritando y la flor siempre callá. Que grite la flor y que se calle el cardo: y tó aquel que sea mi enemigo que sea mi hermano. Sigamos por esta senda a ver que luz encontramos, esa luz que está en la tierra y que nosotros apagamos. 

Me tiembla la sangre cada vez que la escucho.
Ha muerto Manuel Molina. El autor de esta obra maestra. Yo desdeñé conocer los detalles de aquella época que protagonizó en la que callaron los cardos y hablaron las flores. La primavera de las utopías. El mayo francés. Praga. Andalucía. Y contribuí con mi soberbia ignorante a que callaran las flores y volvieran a gritar los cardos. Afortunadamente, una nueva generación compuesta por hombres y mujeres de todas las generaciones, hemos recuperado la voz de las flores. Y cada vez nos molesta más el contertulio cardo que chilla en televisión contra un ministro cardo que chilla contra un presidente cardo que chilla contra un cardo cualquiera que chilla en el silencio de su despacho. Que hablen las manos en las plazas. Cada una con líneas diferentes pero moviéndose como pétalos recién abiertos. Manuel ha muerto en primavera. Y como también cantaban Triana, “Todo es de color”: Qué bonita es la primavera cuando llega.

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